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El viaje de Tucu y Halúa

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Tengo una historia de una casa encantada.

No me gustan las historias de miedo.

No es de miedo. Digamos que era una casa diferente porque vivía un fantasma.

¡Me dan miedo los fantasmas!

No sé por qué, casi no hay fantasmas malos, si acaso traviesos.

¿Como el duende Trenti?

Más o menos. Resulta que la casa tenía una pared que era parte de la montaña.

¿Era como una cueva?

Sí, se había aprovechado la montaña para hacer la pared del fondo, por lo demás era una casa normal, bonita, con escalera de caracol y techos de madera. Estaba en un pueblo llamado Rajín. Su dueña, de nombre Maté, no iba mucho por allí y la prestaba a los amigos que querían ir de vacaciones por aquellas tierras lejanas en aquel valle rodeado de montañas y con vistas al mar.

Y érase una vez, unas amigas de Maté, una madre y una hija, que se pusieron de viaje en coche desde su ciudad para ir de vacaciones a la casa encantada en Rajín. La niña, llamada…

…Halúa…

…se había quedado dormida sin saber que dentro del coche se había colado un cocuyo hembra.

¿Qué es un cocuyo?

Es un insecto de la familia de los escarabajos muy especial porque tiene dos manchitas redondas en el cuerpo que pueden brillar en un verde muy intenso.

¿Cómo una luciérnaga?

Hay muchos animales que brillan emitiendo luz como los cocuyos, las luciérnagas, las medusas Arcoiris, las tortugas Carey, los peces Linterna, incluso el tiburón Cigarro y muchos otros seres vivos. El caso es que nuestra cocuyo de nombre…

…Tucu-Tucus…

Tucu, para los amigos, vivía a orillas del río de la ciudad entre plantas silvestes y jardines. Estaba volando buscando algún sitio apropiado para poner sus huevos cuando una corriente de aire la empujó dentro del coche donde viajaba Halúa y su madre con las ventanillas bajadas.

Aquello pudo provocar un accidente porque dentro del coche la madre empezó a gritar: ¡un bicho, ha entrado un bicho por la ventana!

Tucu-Tucus dio unos vuelos muy torpes, chocándose con la nariz de la madre y contra los cristales de las ventanas (porque no sabía lo que era el cristal) y al tercer coscorrón, cayó al suelo aturdida.

– Pensaba que era una abeja, pero no, no, es un moscardón muy duro, porque me ha dado en la nariz y me ha dolido -explicaba la madre-.

Tucu cayó a los pies de la niña y ésta se agachó a mirarlo. Entre el golpe contra los cristales y el susto de ver una cara de niña tan cerca, sintió miedo, y al sentir miedo encendió sus dos lucecitas. Esto dejó a Halúa tan asombrada que no volvió a hablar en todo el viaje.

Por su parte, Tucu desapareció. Se metió en la maleta de Halúa y eligió como guarida un par de calcetines enrollados, donde seguro no la encontrarían. Y así prosiguió el viaje: Halúa sin hablar y Tucu-Tucus durmiendo en los calcetines.

Cuando llegaron a la case de Maté en el pueblo de Rajín, la mamá ya estaba bastante extrañada de que Halúa no dijera ni una palabra, pero prefirió dejarla tranquila a ver si se le pasaba, antes de tener que acudir a un doctor.

Dentro del armario de la casa descansaba el fantasma de nombre…

Elvis.

Era un fantasma que nunca había dejado de ser niño, un poco travieso, pero con poderes hasta para conceder deseos. El fantasma Elvis se despertó al oír la llave de la puerta de la entrada de la casa.

– Vaya, vaya, tenemos visita -pensó-. Se acabó la tranquilidad.

La familia colocó sus cosas dentro del armario, lo cual no molestaba a Elvis. Él podía atravesar cosas, por ejemplo salir y entrar del armario con que solo hubiera una rendija en la puerta. Lo que no le gustaban eran los espejos, así que siempre intentaba evitar pasar enfrente de uno.

Decidió salir del armario mientras las chicas colocaban su ropa y darse una vuelta por la casa para hacer algunos de sus truquitos: abrir y cerrar ventanas y puertas, encender y apagar las luces, cosas divertidas para él pero que ponían nervioso a cualquiera.

Después de colocar la ropa en el armario decidieron hacer una cena en la terraza contemplando las vistas del valle, sus montañas azuladas con el mar al fondo, mientras el sol se ponía y dejaba las nubes pintadas de rosa. Hasta Elvis fue un rato a ver el atardecer (y de paso a encender y apagar las velas que decoraban la mesa).

– Halúa, ve a ponerte unos calcetines, está refrescando. Y cuando vuelvas me gustaría mucho que me hablaras -le pidió la madre.

Así que Halúa, obediente, bajó por la escalera a la planta baja donde estaba el armario. Detrás de ella se deslizaba muy chulito, Elvis. Al fantasma le encantaba dejarse girar arriba y abajo por esas escaleras con forma de concha de caracol. Llegó primero al armario, se coló por la rendija entre las dos puertas y se quedó dentro esperando a que la niña las abriera. Halúa eligió sus calcetines favoritos, unos que tenían elefantes azules de tela cosidos. Estaban un poco viejos, incluso tenían un agujerito en la punta cada uno.

Vamos, que tenían tomates.

Sí, pero no los quería tirar. ¡Tucu-tucus estaba dentro de esos calcetines con elefantes azules! Llevaba horas durmiendo cuando de repente se despertó y lo que vió fueron los ojos de la misma niña mirándole desde tan cerca otra vez. Volvió a asustarse muchísimo. Y volvieron a iluminarse sus manchitas verdes.

La niña se quedó alucinada. Pero eso no es todo. Aquí tengo que explicarte que los fantasmas se pueden ver a la luz que emiten otros animales, ya sean cocuyos, luciérnagas, medusas…

¿Así que Elvis se hizo visible?

Sí. Ya puedes imaginarte la cara de Halúa viendo a la cocuyo brillando y al fantasma dentro del armario.

¿Y qué pasó?

Si guardas el secreto de que vivo en este armario, te concederé un deseo, -le dijo el fantasma.

Halúa de repente recobró el habla:

– Mmm, déjame pensar… Ya lo tengo: deseo tener el poder para hablar con todos los seres, fantasmas, animales o plantas.

– Te lo concedo, pero si algún día rompes el secreto, perderás el poder y también te olvidarás de mí.

Entonces Halúa pudo entender a la cocuyo, que ya más tranquila, explicó:

– Perdonadme, pero tengo que poner mis huevos en alguna parte, o voy a explotar.

– Tucu, te recomiendo algún hueco en la ladera de la montaña, pero fuera de la casa. Ya sé que tus huevos también brillan y no quiero que me descubra nadie más -añadió Elvis, que se había vuelto invisible de nuevo, porque Tucu estaba tranquila y sus lucecitas apagadas.

Halúa volvió a la terraza con su madre y dijo:

– Qué noche tan bonita. ¿Hay estrellas fugaces?

– Sí, vi pasar una, le pedí un deseo y se ha cumplido, -dijo su mamá-.

– ¿Qué le pediste?

– Que volvieras a hablar.

– Creo que tendremos unas buenas vacaciones en Rajín, mamá.

– Sí, pero espero que dejen de apagarse las luces y cerrarse las ventanas de golpe.

– Estoy segura de que sí, porque si no, voy a poner cinta adhesiva a todas las rendijas del armario para que no se pueda entrar ni salir y espejos por todas partes de la casa.

– ¿Qué dices, hija?

– Nada, nada, cosas mías.

Y se oyó un abrir y cerrar de ventanas que quería decir: de acuerdo, dejaré de hacer truquitos divertidos, lo prometo.

Tucu-tucus había puesto sus brillantes huevos por las montañas de Rajín y se dice que los cocuyos hacían las delicias de los niños que los encontraban y que hasta podían entenderse con ellos.

Después de pasar unas divertidísimas vacaciones en la casa encantada en compañía de su nuevo amigo el fantasma, Halúa viajó de vuelta con su madre y con Tucu a la ciudad. Antes de despedirse frente al río, Halúa le preguntó:

– Por cierto, ¿por qué elegiste mis calcetines de elefante?

– No lo sé. Creo que siempre he soñado con comerme una boñiga de elefante, dicen que son las más ricas.

Y colorín colorado..

Buenas noches

Mah cualli yohualli.

 

Nota: Mah cualli yohualli quiere decir buenas noches en nahuatl, lengua con más de mil quinientos años de historia que se sigue hablando en Centroamérica, zona de donde provienen los cocoyus.

Longisquama

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Cuéntame un cuento muy largo, el más largo.

Tú sabes matemáticas y sabes que uno más uno son…

Dos, lo saben hasta las piedras.

Dos es mucho más que uno, ¿no? Pues te contaré dos cuentos en uno y así será el cuento más largo. Y hablando de largos… Érase una vez, hace millones de años, una dinosauria Longisquama o Escama Larga, llamada…

Alizarina. ¿Cómo era?

Era como una lagarta con plumas, tenía dientes y, al mismo tiempo, alas en forma de abanico.

¡Una lagarta con plumas!

Algo así. Algún científico sostiene que pudo ser la antecesora de las aves. Tenía algo parecido a plumas, sí, muy largas y coloridas. Solía vivir en las ramas de los árboles. Era pequeña comparada con algunos animales de aquel tiempo, pero su mal carácter la hacía muy peligrosa.

Una mañana, Alizarina estaba oculta en el hueco de un árbol, agotada.

¿Porque había volado mucho?

No. Porque acababa de poner un huevo. Y ahora tenía que ocultarlo bien para que nadie se lo comiera pero también tenía que ir a buscarse un desayuno. En aquel tiempo había muchos árboles y la vegetación era muy espesa: podías recorrer el bosque de árbol en árbol sin bajar a la tierra. A Alizarina se le daba mal volar así que pensó en llevarse su huevo en la boca mientras buscaba un buen almuerzo.

Su buen instinto le indicaba que en una rama cercana había muchas termitas. Dejó su huevo en el agujero del tronco, abrió la rama con sus garras y empezó a comérselas de una en una.

En ese momento se sintió una gran sacudida, la tierra tembló y los árboles crujieron. Se escuchó un gran rugido de volcán, entonces el cielo se cubrió de fuego primero y cenizas después. El huevo de Alizarina cayó al suelo.

Aunque casi no se podía ver por las cenizas, nuestra Escama Larga se lanzó en busca de su huevo. Por suerte el suelo estaba hecho barro y no le había pasado nada. Pero abajo le esperaba una desagradable sorpresa: un terópodo hambriento la había descubierto.

¿Cómo eran los terópodos?

Eran unos dinosaurios muy grandes y carnívoros, se mantenían en sus fuertes patas traseras y tenían una cola muy larga y fuerte. Éste saltó hacia Alizarina y la atrapó entre sus garras. Ya iba a engullirla cuando sucedió la segunda explosión del volcán. Esta vez la tierra se abrió y de las grietas abiertas comenzó a salir humo. Ningún animal pensaba en comer, más bien en ponerse a salvo. El terópodo soltó a Alizarina porque un árbol le había dado en toda la cabeza. Al verse libre de repente se acordó de su huevo y sorteando las ramas que caían y los agujeros humeantes que crecían a sus pies, fue dando saltos y pequeños vuelos hasta el lugar donde había caído su futuro hijo. Lo encontró enterrado y allí se quedó protegiéndolo tumbada sobre él, mientras en el cielo no dejaban de verse los estallidos rojos del volcán. Si pasaba algún depredador hambriento a su lado, Alizarina abría su gran pico con dientes y levantaba sus largas escamas coloridas, dando un buen susto a su cazador. Pero la tierra siguió rugiendo y echando fuego y cenizas. Y el calor y los gases dejaron el bosque y a todos sus habitantes petrificados.

Pero, falta un cuento..

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Érase otra vez, muchos millones de años después, en un poblado nómada del Asia Central, vivía un niño de nombre…

Koyu…

…que estaba celebrando la llegada de la primavera, lo cual para su pueblo era como celebrar el Año Nuevo. Es cuando comienza la vida, florecen los árboles y el río fluye más rápido. Todas las personas tienen que ponerse muy guapas, estrenar algo de ropa y también pintarse. Después del té tomarían pastas y podrían seguir comiendo hasta la puesta de sol, cuando comenzarían los cánticos y las danzas.

En ese momento Koyu había ido a buscar madera, le gustaba ser el encargado de la hoguera. Koyu tenía que sentirse de fiesta, pero tenía pena. Él era siempre así: o fiesta o pena. Y hoy tenía pena porque no iba a estrenar ninguna ropa. Al agacharse a recoger unas ramas secas se fijó en un piedra redondeada muy bien formada. Como le gustó, se la guardó en su mano. Pero volvió a sentir pena porque su pantalón era viejo y no tenía ni siquiera bolsillo. Cuando llegó al poblado para encender el fuego se encontró con su amiga…

Narín.

Su amiga Narín estaba muy guapa aquel día. Se había trenzado el pelo y se había puesto su nueva chaqueta de lana de oveja. Narín era muy espabilada, lo mismo podía cantar, tocar el tambor, las campanillas o hacer pinturas a base de pigmentos naturales, con las cuales decorar cuevas y piedras.

Cuando el fuego estaba encendido y el sol se ponía en el horizonte, Koyu mostró su piedra a Narín:

-Koyu, ¿dónde la has encontrado? Yo también quiero una piedra así.

Los niños se olvidaron de la fiesta y se internaron en el bosque, recorriendo la zona donde Koyu descubriera su redondeada piedra.

– Aquí era. Estoy seguro. Mira, aún se ve el hueco.

Narín repasó el hueco que había quedado en el suelo y empezó a escarbar con un palo la tierra alrededor para encontrar otras piedras semejantes, pero fue en vano. Ya había oscurecido cuando el niño recogió otra piedra del suelo:

– Vámonos, Narín. Se ha hecho de noche. Mira, te regalo esta otra roca.

– Pero esa no tiene ninguna forma de huevo.

– No, pero por el otro lado tiene algo grabado, tócalo.

Cuando llegaron al poblado, se adentraron en su yurta (su cabaña). Narín encendió un candil y ambos contemplaron la piedra a la luz: era un fósil de un ser muy extraño, que parecía una lagartija pero con plumas larguísimas.

La niña sacó unos cuencos con polvos de distintos colores que recogía de minerales, insectos o flores. Empezó a juntarlos con resina y grasas.

La madre de Koyu entró en la yurta y regañó a ambos:

-¿Dónde habéis estado? El fuego se apagó y nadie tocó el tambor.

Al ver que los niños se apenaron, la madre sonrió y dijo:

– Claro que vuestros hermanos saben cantar, tocar el tambor y alimentar el fuego mejor que vosotros, pero no volváis a iros ya, es de noche y estaba preocupada. ¡Ah, Koyu!, esto es para ti.

La fiesta volvió a la cara del niño cuando abrió el paquete para descubrir un nuevo pantalón, ¡y con bolsillo!, que no tardó en ponerse.

Para entonces Narín ya tenía listas las mezclas y había sacado su pincel de pelos de tejón. Lentamente comenzó a cubrir los huecos del fósil, imaginando que en aquellos espacios habría habido plumas azules, rojas y amarillas.

A los pocos días hubo que levantar el campamento para establecerse en tierras más fértiles de cara al largo verano caluroso. El día de la partida era otro día de fiesta y era costumbre intercambiarse regalos antes de la salida. Narín regaló su fósil decorado de Lingusquama a Koyu y él le regaló el fósil del huevo a ella. En la sonrisa de Narín se intuía que ya estaba planeando cómo decorarlo con su pincel de tejón y sus brillantes colores. Se dieron las gracias en kirguís:

– Choon rachmat!

– Choon rachmat!

Buenas noches.

Dulces sueños.

 

Nota: Balaluu uy-bazar, «la casa con niños es una fiesta», – dice un famoso proverbio kirguís, idioma nacional del Kirguistán, en Asia central, frontera con China, país donde se han encontrado fósiles de Longisquama, saurio que vivió a finales del periodo Triásico, hace 225 millones de años.

Dulce melocotón

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– Cuéntame una historia verdadera por una vez.

– Qué aburrimiento, ¿no?

– ¿Cómo fue qué perdió su brazo?

– En realidad no perdió el brazo. Y solo estuvo manco un tiempo.
-Te pedí una historia verdadera.

– La conoció pelando un melocotón en un tren. Ella le miraba fijamente y eso le incomodaba. Parecía decirle:
– No lo estás haciendo bien, quitas mucha piel.

Entonces empezó a pelar la piel del melocotón más y más gruesa, a propósito,
quitando cada vez más carne, compulsivamente.
Cuando acabó, comió la piel con la carne, le ofreció la mitad. Ella aceptó. Luego tiró el hueso por la ventanilla del tren.
– Es ecológico, -dijo él en voz alta, mirándola-.

– Biodegradable, -precisó ella- y empezaron a reírse.

El tren dio un frenazo y sus manos se juntaron.
Cuando el tren paró en su estación, él no quiso soltar su mano.
Le dijo:
-Volveré.

Y así fue como dejó su brazo.

Pero no lo dejó olvidado.
Después de atender sus asuntos, nuestro amigo volvió a la estación y esperó el tren de vuelta. Allí viajaban juntos su amada y su brazo.
Ya nunca volvieron a separarse.

– Buenas noches.

– Buenas noches. Olet makea persikka.

 

Nota: Tú sí que eres un dulce melocotón, en finlandés se dice Olet makea persikka.

Yadu (English)

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Once upon a time there was a magician who did not want to use her magic.

Was she a lazy magician?

She was an old magician, her name was Yadu.

A boy named Epimetheus laughed at her:

– Hey, Yadu, tell me tonight’s winning lottery numbers that I have to buy to make me rich; guess how many coins I have in my pocket; why don’t you pull a rabbit out of the hat, or better a white dove, hahaha..

Yadu knew the winning lottery numbers would be 61803, that Epimetheus had only one coin in his pocket and could perfectly have pulled from her top hat a rabbit, a white dove or even a scorpion that would bite the ass of the fool Epimetheus. But she did not want to do magic, so she went on her way smiling kindly without saying a word.

So, she never did any trick?

Sometimes she helped children fall asleep. Yadu used to spread an aroma for their rooms that made them close their eyes. And rest dreaming sweet dreams..

Good night!

Sihi kanasugalu

 

 

Note: Sihi kanasugalu means sweet dreams in Kannada, language with over a thousand years of literature, official of the state of Karnataka, in India.

Kepri y Cleo

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Esta noche quiero un cuento para soñar.

Te contaré un sueño para dormir…

Erase una vez, una noche de verano. Una niña de nombre…

Cleo

..que acababa de meterse en la cama de su habitación para dormir. Las ventanas estaban abiertas para que entrara la brisa. Las cortinas estaban echadas. Cuando de repente se abrieron como el telón de un teatro para dejar pasar a un rinoceronte volador de nombre…

Kepri

…que venía de las selvas tropicales, equivocado por los vientos cálidos que soplaban aquel verano…

Entiendo que por el calentamiento global pasan cosas extrañas, pero un rinoceronte volador…

Es un sueño. Y era un escarabajo rinoceronte. El animal más fuerte de la Tierra. Puede levantar mil veces su peso. ¡Eso es como si tú fueras capaz de sujetar una piedra de treinta y cinco toneladas!

¿Y qué pasó?

Cansado del viaje fue a posarse sobre la mesilla del dormitorio. Recogió sus alas dentro de sus élitros (que son las cubiertas duras que protegen sus alas). Miró a su alrededor y se sintió desorientado.

¡Normal!

¿Quieres darte una ducha?, pareces cansado, -le preguntó Cleo-, que sin pensárselo dos veces cogió a Kepri y lo lavó debajo del grifo.

-¿Qué quieres cenar?

-Como poco -acertó a decir el escarabajo todavía empapado de agua- y si te dijera las cosas que me gustan…

¿Qué comía?

-Me gustan las frutas podridas y también las hojas descompuestas. Todo lo que esté putrefacto me encanta. De pequeño comía mucha caca. La de caballo especialmente me encantaba…

-Calla, calla. Sí que eres raro. Aunque quizás tenga un plátano lo bastante podrido para ti.

-Déjame en una maceta y pasaré la noche enterrado, no quiero molestar. Me gusta estar entre las raíces.

-Puedes dormir entre mis manos, son calentitas y no te haré daño…

-Tus manos también son raras -dijo Kepri, aceptando la invitación.

Ambos durmieron toda la noche pero a la mañana siguiente cuando Cleo se despertó, Kepri ya no estaba. Quién sabe dónde habría ido.

Cleo se fue triste al colegio. Sin embargo, aquella mañana sacó un diez en matemáticas y por la tarde tocó el violín mejor que nunca.

Buenas noches.

Beti egongo naiz zurekin.

 

Nota: Beti egongo naiz zurekin significa Siempre estaré contigo en euskera.

Yadú

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Voces por orden de aparición:  Miguel Esteban, Carmen Polanco, Jorge  y Juan Bustamante.

Erase una vez una maga que no quería hacer magia.

¿Era una maga vaga?

Era una maga mayor, se llamaba Yadú.

Un muchacho llamado Epimeteo se reía de ella:

– Oye, Yadú, dime el número de la lotería que tengo comprar para hacerme rico; adivina cuántas monedas tengo en mi bolsillo; por qué no sacas un conejo de la chistera, o mejor una paloma blanca, jajajaja…

Yadú sabía que el número de la lotería premiado sería el 61.803, que Epimeteo solo tenía una moneda en su bolsillo y perfectamente podría haber sacado de su sombrero de copa un conejo, una paloma blanca o incluso un escorpión que le mordiera el culo al tonto de Epimeteo. Pero no quería usar su magia, así que proseguía su camino sonriendo amablemente sin decir ni una palabra.

Entonces ¿nunca hacia ningún truco?

A veces ayudaba a dormirse a los niños. Yadú esparcía un aroma por sus habitaciones que hacía que cerraran los ojos y descansaran soñando dulces sueños.

Hasta mañana

Sihi kanasugalu

Nota: Sihi kanasugalu significa dulces sueños en canarés (o kannada) lengua con más de mil años de literatura, oficial del estado de Karnataka, en la India.

 

Trenti

Escucharlo aquí

 

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Esta noche no me puedo dormir.

¿Y eso por qué?

Por nada.

Por algo será.

He discutido con uno de mis novios.

Pero si te duermes con una sonrisa, mañana se te habrá pasado.

Pues entonces, cuéntame un cuento.

 

Erase una vez, hace mucho, mucho tiempo, un..

Un qué, un qué..

Un duende. Un duende travieso de los bosques llamado..

Trenti me gusta.

Pues Trenti se vestía con hojas de helechos trenzadas con raíces. Portaba sobre sus hombros collares hechos de brotes tiernos de diversas plantas con los cuales a veces hacía trucos.

¿Qué trucos?

Por ejemplo hacerse invisible o convertirse en piedra. Cubría su cabeza con un sombrero de Amanita.

¿Qué es Amanita?

Una seta roja con puntos blancos y poderes mágicos. Si una mosca despistada se posaba en su sombrero, quedaba inmovilizada en el acto hasta que Trenti la liberase, después de lo cual ya no volvían a acercarse ni ella, ni sus amigas.

Bueno y ¿qué paso?

Una mañana temprano, Trenti dormía sobre su cama de musgo, oculto entre plantas cubiertas de espinos, cuando sus puntiagudas orejas escucharon pisadas acercándose. No hay nada que más enfurezca a Trenti que le despierten por el día, porque es cuando él duerme. La noche anterior se había corrido una buena juerga con sus amigotes en la ciudad…

¿Pero ahora qué?

Un rebaño de más de veinte ovejas, con perro y pastora incluidos, avanzaban en dirección a su guarida. Una de las carneras jóvenes y alocadas lo descubrió y lo chuperreteó.

Jajajá. Pero no se dice carneras, las chicas son ovejas y los chicos son carneros.

¿También te lo ha dicho tu profe?

Sí.

Pues en este cuento hay ovejos y carneras, ¿qué te parece?

Vale, ¿pero qué hizo Trenti?

Ya te dije que era un duende travieso. Era famoso por hacer bromas a los humanos grandes, a veces a otros animales, aunque ayudaba a los niños.

¿Y qué le pasó a la carnerita?

Le lanzó uno de los brotes embrujados de alrededor de su cuello que, tras enroscarse en una pata, le produjo una reacción alérgica que la hacía estornudar sin parar…  Achís, aaaachís.

Sssneeze!

Eso te lo habrá enseñado tu profe de inglés.

Achís!

El perro, de nombre…

¡Flaco!

El perro Flaco observó la escena y fue a avisar a la pastora, de nombre…

Soler

…La pastora Soler…

(También es cantante, jeje)

…Flaco empezó a dar saltos alrededor de la pastora para que le siguiera y después corrió de vuelta hasta donde estaba la joven carnera. Sin darse cuenta, aplastó la guarida de Trenti. Y para cuando hubo llegado al lado de la carnera estornudante

(¿Estornudante?, también te lo has inventado).

…El perro Flaco se tiró al suelo de la risa, como si le estuvieran haciendo cosquillas por todas partes.

¡Ese ha sido Trenti!

Sí, pero sin querer. La planta de su pezuña había rozado con una de las raíces de mandrágora que guardaba.

¿De qué?

La mandrágora era otra planta con poderes que el duende tenía en su guarida y al contacto con la pezuña del perro, éste se había contagiado de un hechizo y ahora no podía dejar de desternillarse de la risa.

¿Se desatornillaba?, ¿se desenroscaba no?

No, no. Es más grave, podrían llegar a rompérsete las ternillas de la mandíbula. Y ésta, desencajarse. Lo peor fue cuando pasó la pastora Soler sobre el escondite del duende. También sin querer, pero le dio un patadón al sombrero de Amanita de Trenti, que salió volando por los aires.

Trenti?

No, no, su sombrero. Trenti se puso tan furioso que llamó a un ejercito de pulgas, chinches y otros insectos voladores minúsculos para que recorrieran todo el cuerpo de la pastora, lo cual le produjo a Soler un enorme comezón.

¿Le entró hambre?

No, comezón significa que le picaba todo el cuerpo. (Díselo a tu profe).

Co-me-zón. (No dirás que no parece un glotón comilón.)

Cuando la pastora, llena de picores, acertó a llegar a la escena: estaba la cabrita estornudando..

Achís, achús..

…El perro rebozado por el suelo partiéndose de risa…

¡Jajajajá!

Y ella misma rascándose todo el cuerpo:

Ay,ay,ay…

Ow, ow, ow!

¿Y qué más?

Cuando Trenti recuperó su sombrero, que por suerte no había sufrido más que un rasguño, volvió para reconstruir su guarida y seguir durmiendo. Por el camino pidió ayuda a los hechizados (los duendes saben entenderse por igual con todos los seres). Para quitarles todos sus hechizos les pidió: a la carnerita unas ramas espinosas en un nuevo refugio a la sombra de un madroño; a Flaco, unas trufas frescas que el sabía desenterrar…

¡Qué ricas!

(No es un dulce, es una raíz con super-poderes.)

Los superpoderes molan pero las de chocolate tampoco están mal.

Y a la pastora Soler le pidió que encontrara musgo para su cama, a ser posible en flor y escurrido de agua, que para Trenti era como veneno: el agua para los peces, solía decir. Cuando por fin quedó reconstruida su nueva guarida, la pastora se llevó a sus ovejos y a Flaco al pueblo de vuelta, cada uno a su casa, su caseta, su pesebre o su corral.

¿Y así se acaba el cuento?

Parece ser que al atardecer de aquel día, con los últimos rayos del sol, en alguna casa, caseta, pesebre o corral empezaba alguna fiestecilla nocturna donde podían oírse seres diversos desenroscándose de risa.

Y colorín, colorado…

(Como mi ratón)

..este cuento se ha acabado. Ahora tienes que dormirte con una sonrisa.

Claro, pero no te preocupes que mañana no pienso tener novios. Buenas noches..

Lala salama

 

 

 

Nota: Que duermas bien en swahili se dice Lala salama.